En marzo de 2020, la emblemática Galería Torre del Reloj en Polanco, Ciudad de México, se convirtió en el escenario de un encuentro cultural único. Bajo el título “Transparencias del País de la Mitad”, el maestro Miguel Betancourt presentó una antología de 25 piezas que destilan cuatro décadas de investigación cromática y espiritual.
Esta muestra no es solo una exhibición de pintura; es una bitácora de viaje donde la memoria de Quito se deposita sobre fibras vegetales de China, Corea del Sur y Japón.
El Soporte como Protagonista
La gran innovación de esta serie radica en la materialidad. Betancourt utiliza papeles de arroz de texturas extremas: desde membranas finísimas, casi etéreas como el tamiz de una cebolla, hasta soportes de gran espesor que resisten la saturación del acrílico y el gouache. Esta elección técnica permite que la luz juegue con las transparencias, emulando la profundidad de los vitrales góticos pero con la ligereza del pensamiento oriental.
Tres Ejes de una Cosmovisión Andina
La exposición se articula en tres secuencias temáticas que han gravitado en la existencia del pintor:
Arquitecturas de la Memoria (Mnemografías): Inspirada en la geometría sagrada de Quito. Obras como Gótico Tropical demuestran cómo los ventanales de las catedrales se funden con el vigor de los textiles andinos. Aquí, el color no proviene del sol, sino de la herencia cultural.
Figuras y Personajes: Un recorrido que va desde lo local a lo universal. Desde la Virgen de Quito sobrevolando la Iglesia de San Francisco, hasta su aclamada serie de Las Meninas, donde el icono de Velázquez se despoja de su rigidez europea para renacer en ambientes andinos de yute y papel.
Paisajes y Árboles Tutelares: El componente fitomórfico, siempre presente en Betancourt. Montañas, volcanes y tallos que germinan en ojivas. Obras comoReverdecimiento muestran su faceta más minimalista, donde el árbol se convierte en un símbolo de sencillez y resistencia.
Un Damero de Sitios Imperecederos
“Transparencias del País de la Mitad” es, en esencia, una travesía hacia el pasado para reconfigurar el presente. Betancourt deja pistas visuales para el espectador, invitándolo a habitar un tiempo distinto, un espacio donde el sol y la luna siguen siendo elementos tutelares y donde la pintura es el puente definitivo entre dos mundos.
“Esta muestra pretende remitir al espectador a otro tiempo, dejándole pistas como si fuera un damero de sitios imperecederos.” — Miguel Betancourt
