En noviembre de 2023, las calles de Madrid fueron testigos de un fenómeno natural y artístico sin precedentes: el florecimiento del guayacán en pleno invierno europeo. El maestro Miguel Betancourt, invitado al prestigioso proyecto Meninas Madrid Gallery, intervino una escultura de la Infanta Margarita, transformando el icono de Diego Velázquez en una explosión de color y simbología ecuatoriana.
Bajo el título “El guayacán florece en Madrid”, Betancourt planteó un relato pictórico donde el amarillo no es solo un pigmento, sino un símbolo de fuerza, poesía y conexión con la tierra.
La Infanta como Reina de Valdivia
La propuesta de Betancourt no fue una simple decoración, sino una transfiguración cultural. El artista tomó como eje central el florecimiento de los guayacanes —espectáculo natural de las provincias de Guayas y Loja— para vestir a la Infanta Margarita.
- Simbología Ancestral: En el rostro de la Menina, Betancourt funde a la infanta austríaca con la Venus de Valdivia, coronándola con “flores de oro” que evocan tanto la riqueza botánica como los antiguos quipus incas (sistemas de contabilidad mediante nudos), que aquí cuelgan de la basquiña como flequillos dorados.
- Lo Fitomórfico y lo Sagrado: El ramaje del árbol se entrelaza con el guardainfante del vestido, mientras que el Sol y la Luna ungen los hombros de la figura. Para el maestro, este resplandor amarillo busca “fortificar el alma de los seres humanos” a través de la calidez y la confianza.
Un diálogo que cruza el Atlántico
Esta participación en Madrid es la continuación de un estudio que Betancourt inició en 2018 con su muestra “Ninfas, meninas y la mirada del pintor”. En aquella ocasión, el artista ya había establecido un puente entre Velázquez, Picasso y el paisaje andino.
Al llevar sus trazos del Valle de Cumbayá y la fauna ecuatoriana a la calle Serrano 94, Betancourt logró que Velázquez “paseara” por los Andes y que los viandantes madrileños experimentaran la magia de un árbol mítico que solo florece una vez al año.
“He tomado como elementos icónicos el florecimiento de nuestros guayacanes… para ceñir la cabeza de nuestra Venus de Valdivia, como si esta fuera una reina”. — Miguel Betancourt